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Enfundado en una túnica del cuello a los tobillos,
suda como un beduino en un baño turco. Son las once de la mañana en un descampado de Colegiales, bajo un sol sahariano.
Adrián Suar -gerente de Programación de Canal 13, propietario de una exitosísima productora televisiva- graba los exteriores de Sin Código,
una de las cartas que lo salvó del fracaso, sin decir ni mu. En el sacrificio está el placer. Y acaso también el orgullo.
Se siente como el general que se puso al frente de la caballería ligera para dar vuelta una batalla perdida.
Qué puede importarle, entonces, un rato extra de marcha forzada.
Seis horas más tarde me recibe en su oficina de Pol-ka. Acaba de llegar y se lo ve cansado.
En la charla, Suar apelará varias veces a figuras bélicas.
Describirá a la competencia televisiva como una guerra declarada y a sí mismo, como un combatiente
("Quiero que me recuerden como un soldado que peleó, aguantó y aportó").
Más allá del tono épico, que tanto lo motiva, también revelará qué pasa por dentro de un mariscal del rating.
Y eso lo llevará a hablar de la soledad, la amistad, el amor... y de Araceli.
En 1995 eras un actor puesto en productor para sacar adelante un sueño personal.
Diez años más tarde hiciste el camino inverso: recurriste al actor para salvar al productor de su peor año.
Sí. Estaba en una situación difícil. Y tenía que hacer algo, jugarme con una apuesta fuerte. Si me estaba hundiendo como en arenas movedizas, tenía que pegar un salto grande.
Para demostrarme a mí que todavía podía, y sobre todo para defender al canal.
Esto es: confiar en Maradona para conducir un megashow y exponerte vos mismo con "Sin Código". Era a todo o nada...
Pero yo no me daba cuenta. Recién después, cuando salió bien, vi lo que tenía para perder. Las grandes patriadas se hacen con una dosis de inconsciencia.
No demasiada, porque eso sería una locura. En una imaginaria receta del éxito, pondría valor, inteligencia, oportunismo y también inconsciencia, pero en un 20 o 25%. Yo la tengo.
Se nota cuando revisás mi historia.
Lo que te dio el éxito está a la vista. ¿Qué te quitó?
(Piensa mucho) A veces me lo pregunto. Pero no quiero caer en el folclore melancólico. Soy joven todavía para eso. Creo, sí, que ocupar el frente de batalla te va quitando cosas:
La familia, espacios de tu vida personal, te vas quedando más solo... Pero no lo relaciono con el éxito sino con la pelea televisiva. Estar en la primera línea de combate, en cualquier rubro, no es para todo el mundo.
Obliga a tener el cuerpo más curtido que el resto. Te separa, te aleja. Genera mucha soledad.
¿A quién acudís cuando lo necesitás?
Tengo amigos. Pocos, tres o cuatro, pero están siempre. Hay uno más grande que yo, al que recurro por amigo y por su experiencia de vida. A veces ayuda, a veces no.
¿Seguís pensando que el show final es la caída?
Sí, como en el coliseo romano. Así funciona la sociedad en muchos aspectos, y también el espectáculo. Subís, subís, subís y lo que cierra todo es la caída. Y eso me da fuerzas.
Bah, yo me lo imaginó así: el "I’ll be back" de Terminator. O en versión criolla, el Ancho Rubén Peucelle.
Te pudo haber pasado este último año...
Fue tremendo. La batalla televisiva planteaba un escenario mucho más duro, con dos rivales en vez de uno (el de siempre, Telefé, y Canal 9 con Marcelo Tinelli).
Y que arranques mal y después lo des vuelta... Porque la verdad es que lo dimos vuelta...
Para el 2006 tenés a Oreiro, Arana, Tinelli, Maradona, Nico Repetto, Laport... Un auténtico Dream Team.
¿A qué te obliga dirigir un equipo de estrellas?
A manejar egos, algo que me incluye. La idea es tratar de unificar, que todas las figuras sepan que el gran protagonista es Canal 13.
Habrá que mimar y cuidar en particular a cada una, pero sin que pierdan de vista que lo que importa es el equipo. Porque si no todo se transforma en un cabaret y eso no le conviene a nadie.
Yo voy a estar al servicio de las figuras pero las figuras tienen que estar al servicio del canal. Habrá que saber decir que no en su momento.
Y eso, siendo un tipo del palo, ¿No te jode?
No. Hace muchos años me hacía mal. Mal de verdad, ¿Eh? Me iba triste a casa. Ahora me tomo un café y no pasa nada... (Se ríe).
Si hay algo cierto es que yo soy actor antes que productor, los artistas son mi familia, los quiero. Hay códigos compartidos. Además, estamos hablando de gente amiga, inteligente...
Entre ellos está Tinelli, productor independiente, exitoso, un par tuyo. Uno puede imaginar chispas...
Te lo digo hoy: obviamente habrá chispas. Pero que tengan que ver con el trabajo. El escándalo no es el estilo de Canal 13. ¿Discutir? Obvio, la tevé es muy sanguínea.
Pero discutiremos con respeto, teniendo las reglas claras. El gerente de programación soy yo y, seguramente, la última palabra sobre la línea que se baja será la mía, de eso no tengo ninguna duda.
Para manejar un canal, en un punto gana la verticalidad. Si eso se rompe, el juego no funciona. Así va a ser. Discutir, de puertas para adentro. De puertas para afuera es de nenas. No me gusta.
Antes dijiste que todo esto te recorta espacios personales. ¿Cómo lo elaborás?
Trato de buscar el equilibrio. Yo me lo propuse hace dos años y de a poco lo voy logrando. Sé cuándo cortar el trabajo, en qué momento...
Antes estaba mucho tiempo, muchas horas, al pie del cañón y la verdad es que más tiempo y más horas no hacen más efectividad. Lo estoy aprendiendo. O más que eso: lo estoy ejercitando.
¿Qué te produjo el clic?
Más que un hecho puntual fue un desgaste lógico. Me aburrí de escucharme hablar siempre de lo mismo. En un momento me encontré pensando: "Son las doce de la noche. ¿Qué estoy haciendo acá?".
¿Alguien te lo había marcado antes?
Sí, pero la experiencia es intransferible. Insisto: cuando estás en la primera línea es así. En todos los rubros. Además, yo me daba cuenta de que mi cuerpo aguantaba.
Que me concentraba fácilmente en tres o cuatro cosas al mismo tiempo. Un don natural. O no: es el hecho de venir en velocidad y tener el músculo caliente. Cuando se apaga, no sé si vuelve a prender. No lo sé.
La evolución de tu éxito acompaña la de tu vida afectiva. En el 95 estabas en pareja con Araceli González. Vino el casamiento, un hijo (Tomás, de 7 años), la separación y ahora la soledad.
¿El círculo puede cerrarse?
Seguramente volveré a casarme, a formar una familia, obvio que sí. Yo no me quiero quedar soltero.
A priori, uno piensa que tu posición de tipo con fama, juventud y éxito puede facilitarte las cosas. Pero a lo mejor complica. Es una contra.
Una contra, sí... A veces el personaje intimida. Y reconozco que yo no soy fácil. La otra persona debe tener determinadas características para enamorarme.
¿Que buscas en una mujer?
No sé... Que tenga algo que me convoque. Eso es un fenómeno casi químico, que no produce la cabeza. Y es difícil de encontrar. Lo que no hago es inventármelo. Me doy cuenta, no me puedo mentir. Me encantaría mentirme.
Pero no. Para estar con alguien quiero estar bien. Estar por estar, no. Le hago perder el tiempo a la otra persona y yo mismo me aburro. Estoy pasivo, a la espera. Y no tengo apuro. Me quedan dos años.
Pero si no armo pareja antes de los 40, ahí sí me voy a preocupar.
Existe la sensación de que existe un lazo invisible con Araceli que no se termina de romper. La fantasía de la gente es: estos tipos tarde o temprano van a volver.
Puede ser, ¿Eh? Siempre está. No sé qué me puede deparar el destino. Con Ara tenemos un hijo en común, buena relación, respeto mutuo... A lo mejor me engancho de nuevo con ella, a lo mejor no...
¿Tomás se los pide?
No. Aunque por más que lo hiciera, sería ilógico meterlo a él en esto, cargar con la responsabilidad de cumplirle el deseo...
¿Qué vas a pedir en el brindis de Fin de Año?
Salud. Es lo primero que pido. Para mí y para los míos, siempre. La salud es un imponderable que no podés manejar. Lo otro, como la plata, va y viene.
¿Por qué peleás?
Por la gloria. Es un motor. Como motivación, paga más que la plata. No tiene precio. Y es clave darte cuenta cuando te tenés que bajar.
Retirarte a tiempo, como los boxeadores.
Sí. El retiro está siempre en mi cabeza. Pero, ojo, que todavía me quedan algunos años más de campaña.
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