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Entrevista a Leonardo Sbaraglia

Leonardo Sbaraglia

 

 

 

Leonardo Sbaraglia parece bastante inquieto pese a que ha logrado convertirse en uno de los actores de primera línea en España, con películas de gran repercusión popular como Carmen. No suelta el teléfono móvil. "Es que en cualquier momento me llama mi mujer porque está a punto de nacer mi hija", confía. "Queríamos que naciera en la Argentina, pero hubo algunos problemas y no pudimos viajar. La infraestructura para el embarazo y el parto la teníamos en Buenos Aires, pero lo hemos solucionado y estamos tranquilos. Ahora vendrán las dos familias a conocer a la nueva integrante de la tribu", explica.
Leonardo tiene 35 años y hace diez que vive en pareja con la artista plástica argentina Guadalupe Marín. Juntos iniciaron la andadura española, se casaron en Madrid, y ahora viven el dilema de querer estar más tiempo en la Argentina pero sin poder viajar por los compromisos que le llueven a Leonardo en España y Francia. "La experiencia de ser padre y madre es única y estamos realmente felices. No tenemos todavía elegido el nombre", dice Leonardo. En Argentina ha participado en quince películas, hizo teatro y televisión. "Me ofrecen cosas, pero no coinciden o con lo que quiero hacer o con mis compromisos".

- ¿Cómo fue la experiencia de venir a España a trabajar?
- Yo vine a hace cinco años a hacer Intacto, de un director joven, Juan Carlos Fresnadillo. Pero hace años que coqueteaba con la idea de trabajar en España. En 1995 vine a estrenar Caballos Salvajes y ya tuve algunas ofertas de trabajo que no pude aceptar por compromisos en Argentina en teatro y cine. El traspaso se produjo en el año 2000, cuando se estrenaron en Madrid la española Intacto y la argentina Plata Quemada, que tuvo mucho éxito: "Desde entonces me ofrecieron bastante trabajo y en total actué en nueve películas y en una serie de televisión.

- ¿Tenías mas propuestas en España que en la Argentina?
- El problema es que los proyectos en la Argentina se alargaban mucho. Me llamaba un productor en enero para filmar en setiembre y no agarraba otro trabajo. Y de pronto eso se caía y pasaba para marzo. Aquí, en España, los proyectos eran a dos meses vista.

- ¿Hay muchas diferencias en las maneras de trabajar?
- Apenas llegue sentí que había diferencias. En la Argentina, con Marcelo Piñeyro, había un trabajo de equipo, personal, me enteraba de los proyectos desde el comienzo. En España todo está más profesionalizado. En la Argentina, la gran mayoría hace cine como se puede, salvo algunos casos excepcionales que cuentan con más medios. La movida interesante que hubo en la Argentina es que la gente se lanzó a hacer sus películas con pocos medios. Ha sido algo positivo, centrado en una expresión personal. Los estímulos que hay en la Argentina, sobre todo en teatro que es impresionante, se transmiten al cine. La experimentación como objeto es tangible. Aquí, la experimentación no tiene tanto lugar. Es más difícil encontrar un proyecto experimental. Aunque la última película en España, Concursante, está muy centrada en un autor, con un presupuesto limitado.

- ¿Dónde estás radicado?
- Para ser sincero vivo más en Madrid que en Buenos Aires. En los últimos cinco años he estado cuatro años en España y uno en la Argentina. Pero, en la Argentina tengo mi casa... ¡Y mi cabeza!. No me imagino haciendo mi vida en Madrid, ni criando a mis hijos. Imagino eso mucho más en Buenos Aires. Pero falta para que eso deje de ser una fantasía. Lo que pasa es que no puedo reproducir en España las condiciones familiares, afectivas, culturales que tengo en la Argentina. Aquí tengo mucho trabajo, afectos, me tratan muy bien, no me hacen sentir un extranjero. Lo único que me gustaría cambiar ahora es poder estar más tiempo en mi país. El año pasado solo fui veinte días a Buenos Aires. Quiero estar por lo menos cuatro meses. Pero lo que me pasa aquí es muy interesante.

- ¿Ahora estás más arraigado en España?
- El año pasado me pasó algo muy lindo, porque no terminaba de sentirme ligado a la cultura española. Siempre estaba como toco y me voy. No terminaba de integrarme a la sociedad española. Venía, trabajaba, pero siempre pensando en volver a la Argentina donde tengo mi casa, recién terminadita, que casi no he podido usar. Muchas veces decía: "Voy a trabajar en España y me vuelvo a la Argentina". Pero el año pasado hice televisión, trece capítulos de una miniserie de un bufete de abogados. Estaba dirigido, muy bien, por un argentino, Javier Olivera. Y fue una experiencia muy positiva profesional y humana. Por primera vez estuve seis o siete meses en algo fijo en España. No me sentía como de visitante.

- ¿Tenés proyectos en Francia ahora?
- Me llamaron para hacer dos películas. No las hice porque no hablo francés y es un problema difícil. Pero ahora voy a empezar a rodar en abril en la película de un director, Dominique Maiheu, que ha visto varias películas mías y le han gustado mucho. Después, en setiembre, tengo una nueva película. Una película muy apasionante. Se llama Salvador, dirigida por Manuel Huerga, y es sobre la vida del militante anarquista catalán Salvador Puig Antich, que ejecutaron durante la época de Franco mediante garrote vil.

- ¿Qué papel te ofrecieron?
- Yo hago de carcelero, el tipo que estuvo con Puig Antich los últimos meses en la cárcel. Es un franquista pero comienza a conmoverse e identificarse con el pensamiento de Puig Antich.

Por Juán Carlos Algarañaz.

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