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Además del triunfo de
Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer, otro argentino logró un premio Goya
en la ceremonia del pasado domingo. Se trata de Marcelo Piñeyro, quien se llevó el premio
al mejor guión adaptado por su trabajo junto a Mateo Gil en El Método, basada
en la obra teatral El Método Gronholm, de Jordi Galcerán.
Piñeyro no pudo viajar a Madrid y su premio lo recogió Pablo Echarri, que estaba nominado
como Actor Revelación por su trabajo en el filme, en el que interpreta a uno de los siete
postulantes que se presentan a una prueba para un puesto ejecutivo en una empresa madrileña.
El filme se estrenó en España en setiembre pasado y llevó más de 600 mil espectadores,
apoyado también en un elenco de figuras como Ernesto Alterio, Eduardo Noriega, Carmelo Gómez,
Najwa Nimri, Eduard Fernandez y Natalia Verbeke.
"El dijo lo que quiso -comenta Piñeyro, quien no había escuchado el discurso de agradecimiento de Echarri-.
No le armé ningún discurso. Me hubiera encantado poder ir, pero era complicado".
¿Cómo te enteraste del premio?
- Me iban llamando por teléfono y me contaban lo que pasaba. La película tenía cinco nominaciones.
La verdad es que yo hubiese querido que ganara Pablo también. El que ganó fue Carmelo Gómez, como actor de reparto.
- Tomando en cuenta que se premió la adaptación. ¿Podrías contar en qué se diferencian la película y la obra?
- Son muy diferentes. No sólo porque hay otros personajes y situaciones, sino porque cuentan dos cosas distintas.
Si no hubiese visto la obra jamás se me habría ocurrido hacer una película así. Sabía que existía la selección de personal para empresas,
pero no era un tema que tenía muy presente. Fue la obra la que me lo puso adelante. Cuando la leí, todavía no se había estrenado y
se la mandé a Mateo (habitual guionista de Alejandro Amenábar), con quien teníamos ganas de trabajar juntos.
El me llamó y tuvo la misma sensación que yo, que lo que valía era tomarla y hacer otra cosa con ella.
- ¿Cómo fue trabajar con él?
- Entramos en sintonía inmediatamente y empezamos a trabajar en el acto. Pero no fue sencillo. Estuvimos nueve meses.
Implicó instancias de investigación del mundo de la selección de personal, charlar con los que lo arman y los que pasan por ellos, armar los personajes.
Fue largo, pero estuvo bueno. Lo escribimos en Madrid y en Buenos Aires, él estuvo acá como cuatro meses...
- Mucha gente vio la obra en Buenos Aires, ¿Qué es lo que creés que le va a sorprender más en tu adaptación?
- La pieza teatral es más una comedia con una construcción piola y un final sorprendente. La película va por otro lugar.
Si bien tiene humor y suspenso, no es ése el centro. Por un lado hay una marcha antiglobalización que se desarrolla al mismo momento que las entrevistas.
Lo que queríamos hacer con eso era una instantanea de este momento de la sociedad y con ese "afuera" de la marcha, la foto quedaba más completa.
Así como está, El método habla de cómo todo el mundo se ignora mutuamente y la tensión brutal que eso genera.
- ¿Hasta qué grado es realista el sistema de entrevistas a personal jerárquico tal como lo muestra la película?
- Está llevado más lejos el tema de la ausencia humana absoluta que ves en la película. Eso no es la norma.
Pero las pruebas sí, son sacadas de la vida real, y son de las más inocentes. En la investigación descubrimos pruebas reales que, si las poníamos, no nos iba a creer nadie.
Las pruebas tienen como objetivo potenciar una cosa interna de competencia entre los candidatos. Ellos no son peores ni mejores que cualquier persona.
Son las reglas del juego las que los van empujando.
- ¿Te sentís más un guionista que dirige o un director que escribe?
- Yo no me siento guionista en el sentido de que no escribiría para otros. Pero me gusta participar en los guiones de mis películas.
Salvo Kamchatka, que partió de una idea mía, pero la escribió Marcelo Figueras solo. En los otros casos yo de verdad siento que es una coautoría.
Soy de estar en el día a día, y al final no sabés de quién es cada cosa.
- ¿Pero no escribirías algo solo?
- No me dan ganas. Me funciona escribir con alguien: en las discusiones, en las miradas diferentes, en el diálogo.
- ¿Sos de los que trabajan con un guión "de hierro" o lo modificás en el set?
- A veces se reescribe, pero esta vez no tanto. Cuando lo escribíamos sentíamos que era más un punto de partida que un guión inamovible.
Pero no fue así. Es que Mateo es un gran dialoguista y no había manera de mejorar los que estaban escritos.
Fue muy diferente el trabajo con los actores esta vez. Otras veces pude ensayar mucho el tema del off, lo que está fuera del guión, lo previo de cada personaje.
Aquí no tenía sentido, el afuera no importa: era el presente lo que había que laburar.
Los dos meses de ensayos que tuvimos nos dedicamos a trabajar sobre el guión en sí.
- Algo más similar al ensayo teatral...
- Lo que descubrí con El Método era algo que no entendía del teatro, esta idea de volver una y otra vez sobre el texto.
Me gustó poder redescubrir el texto cada vez que te metés en él. Fue un trabajo muy enriquecedor.
- Siendo una película española, en los diálogos Mateo debe haber sido clave.
- Yo tenía claro que al filmar ahí una película en la que la acción es verbal, los diálogos eran clave. Y él es buenísimo con eso.
No sólo por lo "español" sino por la construcción dramática del diálogo. Aprendí mucho con Mateo.
- ¿Vos aportaste los "argentinismos" del personaje de Echarri?
- En realidad, el personaje argentino surgió despues de la última escritura del guión. Originalmente no estaba planeado así.
- ¿Ya estás escribiendo la nueva?
- Estoy con un proyecto, pero todavía dándole vueltas. Voy a esperar que termine lo de El Método,
que se estrena acá el 16 de marzo, para arrancar.
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