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Dice que está muy enamorada. Su actual pareja es unos diez años menor. Su
relación con el paso del tiempo y como vive esta "segunda adolescencia".
- Cumpliste
50 años y contaste que cumpliste 50 años. ¿No es un despropósito?
(Risas).
Mirá, el despropósito es la pregunta. El despropósito es que primero
te pregunten cuántos años tenés o cuántos cumplís. Y yo siempre
contestaba: "¿a vos qué te importa?" Entonces sacaban la cuenta, hasta
que me harté.
¿Y no probaste con contestar "sos un desubicado"?
A veces, contestaba eso. Pero me ganaban por cansancio.
¿Te arrepentís de haber dicho el número?
No, no me arrepiento. Me parece incómodo el tema de preguntar la
edad. La pongo en la categoría de las preguntas pelotudas (risas).
Se supone que las mujeres modernas no tenemos rollo con eso y es
mentira. ¡Tenemos un rollazo!
La verdad es que es un número importante. Es como una especie de
adolescencia tardía, bastante poco comprendida en general. Los
adolescentes tienen alguien para comprenderlos, tienen padres, que son
quienes los bancan. Pero en esta otra adolescencia no sólo no tenés
padres que te banquen sino que además te has hecho cargo de tus padres.
Si yo tuviera que elegir, me quedaría en los 40. Pero ya que no puedo
elegir eso (risas). Me aterra mucho comportarme, por ejemplo, como una
de 35 o una de 40 teniendo 50.
¿Y cómo se comporta una mujer de 40 o de 35?
Hay diferencias. A los 20 o a los 30 la desesperación está en un
envoltorio que a veces puede ser un poco más atractivo. Pero si a la
desesperación no la manejás bien a los 50, te convertís en algo
patético.
¿Qué es la desesperación?
Y, la desesperación es perder un trabajo, que no te tomen por el
paso del tiempo. Con el paso del tiempo las miserias y el porvenir pesan
un poco más. La verdad es que mi única ambición es tener la edad que
tengo, comportarme como una mujer de esa edad. Y no me refiero a esa
cosa pacata de "ya no podés ponerte a bailar a determinada edad". Eso me
parece un horror. Uno no siente que le haya pasado todo ese tiempo. Con
unas amigas hicimos una promesa. Nos dijimos: "si al guna vez, a los 50,
me pongo unas calzas, sacámelas, encerrame en mi casa y tirá la llave
por la ventana". O sea, no me dejes salir así a la calle (risas). Esos
riesgos se corren.
Y habría que tirar todas las minifaldas...
(Risas). Avísenme si me desubico por favor. De todas maneras, yo
creo que las buenas compañías son lo mejor que te puede pasar. Cuando
los amigos te dicen la verdad y te miran con ojos de amor, es más fácil
aceptar el paso del tiempo. Cuando seguís siendo perfecta para alguna
gente, esa mirada paga todo. Paga la amargura de mirarte al espejo y
verte arrugadita.
Ahora vas a interpretar el personaje de una mujer que tiene hijos muy
chicos.
El personaje de ama de casa desesperadas tiene cuatro niños: tres
varones y una bebita.
Va a ser divertido jugar a ser más joven.
(Risas). ¡Me encanta! Es muy lindo el personaje. Siendo algo
clásico, no ha sido contado en la televisión: Una mujer brillante en su
profesión, que deja su trabajo, sin ningún acuerdo presionante de un
marido hinchapelotas. Y ella dice: "¿Qué tal si hago la experiencia de
la maternidad intensamente?"
Lo poco convencional de esta historia es que el marido es genial
(risas).
Claro, tienen una muy buena relación.
¿Tu personaje exige un cambio de look?
Me lo pidieron. Me han pedido que me ponga el pelo más claro.
Paradigma de morocha. En Gasoleros colorada, y ahora rubia. ¿Cómo es
ser rubia?
Está buenísimo para una actriz como yo poder decir me lo pidieron.
Es un arquetipo la rubia, aunque te tiñas de rubia.
Es muy difícil encontrar una rubia natural en la Argentina...
Bueno, ahora tengo la suerte de que el personaje me lo pide (risas).
Es como el médico cuando te dice: "vas a tener que tomar esto". Ten
sentís tranquila.
¿Qué es lo que te deja tranquila?
Cuando viene de afuera la orden, "tenés que medicarte". Bueno,
listo, si me lo dijo el médico... O el director de la película (risas).
Uno puede hacer algunas cosas con las que ha tenido prejuicios.
¿Vos sos de las fóbicas a los psicofármacos?
Soy muy fóbica, naturaleza pura, homeopatía. Pero estoy en un punto
donde no soy muy fóbica ni adicta. Entiendo que cada tanto los
psicofármacos me vienen muy bien (risas). Sobre todo cuando viajás
mucho. No tengo inconveniente en tomar una pastillita para dormir en el
avión.
Durante todo este tiempo, ¿a qué cosas le dijiste que no?
A trabajo, seguro. Yo me siento una persona muy afortunada cuando
tengo un deseo. En general, se me cumple. No hay tantos no. Trato de
decir que no, trato de trabajar un poco con mi ansiedad, con mi
exigencia, con mi aburrimiento. Enfrentarme con que el deseo también
cambia, decir que no después que dije que sí a una propuesta cualquiera,
decir que no a veces tardíamente.
¿Y la culpa?
Trato de manejarla. Y si no tengo ganas, no tengo que hacerlo. Ahí
me detengo y me hago muchas preguntas. Antes no me las hacía. Desde ir
al mercado con mi madre, ir a un estreno o la presentación de no sé qué.
Me estoy deteniendo mucho en las cosas que hacía porque sentía que tenía
que hacerlas y tenía una gran contradicción.
Estás muy de novia. ¿Qué hace tu novio?
Es artista plástico, uruguayo, trabaja para Estados Unidos.
¿Dónde se conocieron?
En Montevideo. Yo estaba haciendo teatro.
¿Tiene 50 o es más chico?
Más chico.
¿Por qué me imaginé que era más chico?
Es chico, pero no mucho más chico.
Son más chicos ahora los novios...
Nacen más chicos (risas). Hay una diferencia de 10, 8 años. Un
promedio. Es medio cursi lo que voy a decir, pero yo creo sinceramente
en eso. Creo en los encuentros. Encontrar un alma gemela no es una
cuestión de edad. Es poder estar en la misma sintonía.
¿Almas gemelas fueron todas las personas que estuvieron con vos?
Alma gemela es la de ahora.
Tampoco uno puede encontrarse con tantas almas gemelas en la vida.
(Risas). Es la primera vez que tengo esa sensación de alma gemela.
¿Hace mucho que están juntos?
No, no hace mucho. Medio año.
¿Y ya le pusimos el título de alma gemela?
A los dos meses te das cuenta de que es un alma gemela. Uno puede
tener compañeros de toda la vida, estar muy enamorada, estar muy
apasionada, y además o no, descubir un alma gemela.
¿Qué tiene un alma gemela?
Hay algo del conocimiento del otro —y del otro por uno— que no se
desprende de la información. O de la empatía, se desprende de otro lado.
No se sabe de dónde, de algún lugar más profundo hay algo que renace.
Estás re-enamorada.
(Risas). Sí, estoy enamorada. Hay un conocimiento y una comprensión
que implican una manera de acompañar la vida del otro y muy bonita, muy
dulce. Es un vínculo muy profundo. Un vínculo liviano, pero profundo.
¿Te cuesta reconocerte en historias del pasado? ¿Llegás a preguntarte
cómo estuve con esta persona? ¿O por qué?
Sí. Con todo me pasa. Me pasa con personas, con la ropa que usé o la
casa y su decoración. Uno va cambiando los vínculos y ellos son los
espejos, testigos de quiénes hemos sido, de cómo hemos pensado, de qué
cosas nos han gustado. Uno siempre tiene opiniones y pensamientos que
van cambiando, por suerte.
A mí me pasa eso de decir "¡qué mal debo haber estado!"
Hay algo que no se modifica, pero hay otra parte que sí se va
modificando. Y me parece saludable. El saber que una persona es sus
vínculos es muy convincente.
¿Sos paciente?
Sí. Soy paciente. Excesivamente paciente. Por eso en algún momento
de mi vida me planteé si quería ser paciente. Estoy abandonando muchas
cosas. Por ejemplo, antes era muy buena anfitriona. Ahora no, no tengo
ganas de serlo. No me importa qué se diga.
Y ante las miserias humanas, ¿cómo sos?
Tengo una mirada menos crítica que antes.
¿Hasta dónde te cuidás para estar bien físicamente?
Me parece que es muchísimo lo que me cuido, pero cuando confronto
con mis compañeras actrices, siento que no me cuido nada.
¿Qué hacés para cuidarte?
Hago yoga y camino en la cinta todos los días, unos cuarenta
minutos. No puedo renunciar a algunas cosas, a tomar sol. Después voy al
dermatólogo para que me desmanche (risas). Lo que pasa es que estuve
muchos años sin hacer nada.
¿Cuándo empezaste a cuidarte?
A partir de una película, La niña Santa. Tenía que hacer de una
mujer que había sido nadadora en su juventud, a los 45. Ahí empecé a
cuidarme. Antes no lo podía sostener.
¿Notás los cambios en el cuerpo o sólo te hace bien desde el punto de
vista de las endorfinas?
Me hace bien en todo sentido. Siempre me pregunto: "¿Soy así? Y si
no hiciera tanto. ¿cómo estaría?" (Risas).
Sos una de las pocas actrices que, cuando se ríe, se le mueven todos
los músculos de la cara...
A mí, un director me hizo un comentario: tenía muchas dificultades
para encontrar una actriz para una película de época. Había muy buenas
actrices, pero estaban muy operadas. Y la época se va a la mierda en una
película donde aparece una mujer operada, porque dejaste de crecer. Por
un lado, es algo que tienta porque estamos tan expuestas y tan
exigidas...
¿Lo harías?
No, hago cosas pequeñas. Años atrás los productores de televisión me
decían que tenía muchas condiciones, pero me mandaban a operarme la
nariz. Digamos, ¿para qué me tengo que mirar tanto al espejo? Hay que
sacar los espejos y listo (risas).
| Por María Laura
Santillán. |
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