Internet Store and Ecommerce Solution Provider - Free Web Site - Free Web Space and Site Hosting - Web Hosting - High Speed Internet
Search the Web

Entrevista a Mariano Martínez

Mariano Martinez

 

 

En un restaurante cercano a la placita Serrano, desparramado sobre un sofá rollizo, Mariano Martínez parece más sereno que el año pasado: un reflejo sólo parcial de su estado de ánimo. Volvió de unas vacaciones que le distendieron los rasgos. Pero va hacia una tira de Pol-ka, que irá en horario central por Canal 13: la ansiedad se mueve por dentro. "Una familia especial irá de lunes a viernes a las 21 -explica-. Ya estoy sintiendo un cosquilleo en la panza. Pero me preocupo más por lo artístico que por los números del rating o la fuerte competencia. Obviamente, me gusta ganar hasta a la bolita. Pero los actores debemos pensar en lo artístico, en no vender buzones. Después, todo queda en manos de la gente; y del azar, también".

En el 2004 actuó en la película Peligrosa obsesión -junto a Pablo Echarri- y en la miniserie Sangre fría, que produjo Ideas del Sur para Telefé. Antes, había hecho las exitosas temporadas de Son amores en Pol-ka. "Ahora, en realidad, no tenía muchas ganas de volver a trabajar en una tira. Prefería seguir haciendo cine o empezar a abrirme un camino en el teatro. Una tira no te deja tiempo libre: estás de diez a doce horas diarias grabando y quedás agotado, sin demasiada fuerza para otros proyectos. Acepté porque me interesó mucho la historia. Y también por la posibilidad de trabajar con Luis Brandoni, que es realmente un grande".

- ¿Es fácil pasar de una gran productora a otra?
- No, no. Es un tema. Obviamente, hay que pensarlo mucho. Pero lo medité y decidí que era el momento exacto. Siento un cariño especial por Pol-ka: ahí nací y crecí. Pero después de Son Amores hubo una etapa en la que no había programas que me interesaran demasiado y no podía quedarme sólo por haberme encariñado. Entonces acepté hacer Sangre fría: me gustó mucho esta experiencia, aunque no tuvo el éxito esperado. En Ideas del Sur me trataron bien, la pasé bien, aunque pasaron algunas cosas que hubiera preferido que no ocurrieran... Pero ya está: no me arrepiento. Y además no son cuestiones que quiera divulgar. A veces un programa funciona y a veces no.

-¿Pueden quedar rencores en este tipo de pases?
- No de mi parte, al menos. Conversé con Marcelo (Tinelli) y con Sebastián (Ortega) y me pareció que estaba todo bien. Después... qué sé yo: no puedo ponerme en las cabezas de otros. Me gustó lo que hicimos; aunque tal vez podía estar mejor: hay cosas que no son manejables para uno. Igual fue un gran crecimiento y a esta altura sé cómo es el negocio de la televisión. Creo que no estoy mal con nadie. Ahora volví a Pol-ka; mañana puedo volver a Ideas del Sur. O a Endemol o a cualquier otra productora.

-¿Cómo te sentís grabando otra vez después de varios meses de descanso?
- Me cuesta pensar en términos de descanso porque el año pasado falleció Marcelo Rey, mi representante, mi amigo: un gran tipo que era muy importante en mi vida. Yo sabía que estaba enfermo, pero el golpe fue igualmente muy duro. Al principio pensé: ojalá que su muerte me hubiera encontrado trabajando, para poder estar... no sé, un poco más distraído. Después me pregunté si podría haber trabajado en medio de un duelo tan duro, un duelo que todavía estoy haciendo. Creo que no. Tal vez nada sea casual en la vida. Tal vez por algo su muerte me tomó en una etapa en la que no estaba haciendo nada. Ahora recuperé el entusiasmo para meterme con todo en la actuación. Estoy, de verdad, con muchas pilas.

- Tu perfil suele ser bajo. ¿Te incomoda que la televisión y su entorno te expongan tanto?
- Sí, qué se yo. A veces, no es agradable. Es desagradable que se metan en tu vida privada. Se suele decir que es el precio a pagar. ¿Pero quién lo estipula? No existe tal precio. Ser un actor conocido puede implicar algún tipo de carga pública, pero no hay que entregar la vida por eso.

- En septiembre del año pasado dijiste que al principio de tu carrera buscabas perder el anonimato para que tu trabajo fuera conocido a nivel masivo, pero que después...
- No recuerdo haber dicho eso. Aunque, bueno, sí, al principio sirve perder el anonimato. Es algo recíproco: yo te doy una nota porque quiero promocionar una película, y a vos te sirve ese material para la nota. Pero no voy a ponerme a contarte mi vida íntima. Cada vez hay más amarillismo. Sé que pasa en todos lados, en cualquier lugar en donde exista el negocio del cine, de la televisión o del teatro. Aunque acá es peor cada día. Más leonino todo. Suerte que estoy más grande y manejo mejor mis impulsos. Eso no quiere decir que nunca más vaya a enojarme. Simplemente, evito hablar de lo que no quiero. No me interesa, por ejemplo, contestarte si duermo en boxer o slips.

- Una suerte de karma de los galancitos. No creo que le pregunten a Ulises Dumont con qué modelo de calzoncillos duerme.
- (Ríe). No sé. Yo no estaría tan seguro. Acá nada es imposible.

- Por un lado sos tímido y tenés bajo perfil; por otro, salís, voluntariamente, en revistas de la farándula. ¿Cómo se explica?
- Es que no me molesta aparecer con la farándula ni posar para la tapa de una revista. Al contrario: me divierte. Mientras no comprometa mi vida privada, jamás reniego de eso. Ni tampoco del mote de galancito, siempre que me permita seguir mi búsqueda actoral. Cuando era pendejo me molestaba que me dijeran galancito. Ya no. Sólo me molesta que me falten el respeto, algo que se da bastante seguido en la Argentina.


En el restaurante hay un sola persona: el dueño, que se acerca a Martínez para pedirle un autógrafo para la sobrina. El actor, de 26 años, estampa la firma y conversa cordialmente: parece más locuaz que en otras etapas de su vida, aunque sin exagerar. Cuando el dueño del restaurante se va, echa edulcorante en su café y enciende un cigarrillo: un vicio que prometió abandonar, hasta ahora en vano. Lanza una bocanada de humo y, con la vista clavada el techo, dice: "Antes de todo esto, en la época en que era repartidor de pizza, ya tenía sueños y ambiciones. Sigo teniéndolos. Me parece que es bueno. Uno recibe lo que da. Creo que soy un tipo con códigos."

- ¿Una vez tu madre detectó bombachas con tu cara estampada. ¿Qué fue lo más extraño que te pasó como seductor voluntario o involuntario?
- Una vez estábamos con dos amigos en un bar de Punta del Este, a punto de comer unos chivitos. Y empezaron a entrar chicas, pidiendo autógrafos. Una tras otra. Hasta que quedamos aprisionados contra la barra. Ellas seguían entrando y arrasando con todo lo que encontraban, rompiendo copas, moletando a los que comían. Al final, los tipos del lugar tuvieron que hacernos saltar la barra y nos metieron en una oficina con vidrios polarizados. Desde adentro, veíamos cómo las chicas empujaban y empujaban como histéricas: no podíamos creerlo. Terminamos escapando. Corrimos cuatro cuadras a carcajadas.

- ¿Qué sentís ante ese tipo de situaciones?
- No sé... Es lindo... O no, lindo no. Qué sé yo, es raro. Podés tener a decenas de chicas corriéndote. Sé que situaciones como las que te cuento son por efecto de la televisión: la televisión magnifica todo y genera idealizaciones. Marcelo Rey me decía: No hay que comprar lo que uno vende. Es así. Hoy me da más placer que venga alguien, de cualquier edad o sexo, y me hable de una actuación mía.

- ¿Cómo te sentís a nivel actoral, más allá de lo que te digan otros?
- Creo que me falta un montón. Pero estoy contento. Si tengo que hacer algo, sea en cine o en televisión, pongo todo. Soy un tipo comprometido con el trabajo hasta la obsesión, lo que a veces me perjudica. Si me preguntaras cuál es mi principal virtud y cuál mi principal defecto a nivel actoral, te contestaría lo mismo: ser tan obsesivo.

- Algunos actores sostienen que no es bueno empezar desde muy joven haciendo tiras, porque se repiten los tics y no se aprende a componer profundamente un personaje.
- Escuché ese teoría, pero nunca cara a cara. Además, no quiero meterme con la gente de teatro. Me gusta la televisión: nací y crecí en ella. Pero no creo en las divisiones: uno es actor a secas. Sí creo que hay que hacer de todo, si se puede. Yo todavía no hice teatro, pero quiero hacerlo. Las propuestas que recibí hasta ahora no me interesaron. Así que tengo ganas de producirlo por mi cuenta. Quiero armar algo para mediados de este año.

- ¿Qué tipo de obra?
- Un clásico. No sé si decirlo... Bueno, lo digo: algo de Shakespeare. Me guardo el nombre de la obra.

- Más allá del desafío artístico, ¿imaginás que una obra de Shakespeare podría sacarte de tu rol de galancito, del universo en que te formaste?
- Es que no quiero hacer una obra para eso sino por una satisfacción personal. Y porque tengo ganas de experimentar arriba de un escenario y ver cómo responde el público. Voy a hacer teatro y voy a seguir saliendo en las revistas de la farándula. No me molesta la popularidad: por tenerla no dejás de ser actor. Mirá a Darín.

- ¿En qué aspecto?
- Darín es un actorazo, uno de los mejores del país y tal vez del mundo, y su carrera está por encima de haber sido un galancito superfamoso. Trabaja y trabaja; se sobrepuso al amarillismo. Tiene una característica de la que todos deberíamos aprender. Se toma las cosas con humor. Ojalá que algún día yo también pueda hacerlo.

Por Miguel Frías.

Volver al Inicio


Sitios Relacionados

CineNacional.com

Internet Movie Data Base

Películas para ver por Internet